En Chengdu, China, capturé un entrañable retrato de un oso panda, mostrando sus rasgos encantadores y su expresión amable. La fotografía destaca el icónico pelaje blanco y negro del panda, que contrasta maravillosamente con la exuberante vegetación de su hábitat natural.
La composición se centra en los ojos del panda, invitando al espectador a conectarse con este cautivador animal y apreciar su belleza única. La imagen sirve como una celebración visual de una de las criaturas más queridas de la naturaleza y un recordatorio de la importancia de la conservación de la vida silvestre.
© Dan Kosmayer, 2015







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