Con una composición de corte clásico, esta naturaleza muerta se reinventa a través del color y el trazo expresivo. Una taza con rodaja de naranja se enfrenta a una jarra exuberante, ambas rodeadas de texturas y telas que dan vida al conjunto. Las formas no buscan precisión realista, sino fuerza visual y ritmo. La paleta —entre rosas, ocres, verdes y rojos— es audaz y envolvente, evocando un desayuno soleado o una sobremesa de calma doméstica. Es una obra que se siente cercana, como una escena cotidiana transformada por la sensibilidad del artista.
Perfecta para la cocina o una zona de comedor informal. Aporta calidez, color y un toque artístico que enriquece el ambiente sin recargarlo. Ideal para espacios donde se comparte y se disfruta con gusto.











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