En 1989, Phil Katz pensó que se podía ganar mucho dinero con la compresión. No estaba del todo equivocado, porque la invención del formato ZIP le hizo rico. Gracias a él, ahora podemos enviar y almacenar fácilmente enormes cantidades de datos.
La naturaleza, sin embargo, es una vez más más inventiva y más exitosa: a veces plantas gigantescas se convierten en pequeños trozos de carbón, en diamantes diminutos pero increíblemente valiosos. Este proceso se ilustra con el signo de estaño Plant.zip.zip, que hará felices tanto a los entusiastas de la biología como a los de la tecnología.
Es una pena que este programa de compresión natural tarde tanto y ni siquiera sea compatible con los sistemas operativos comunes…








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